Navidad desde este lado del mar

27 diciembre 2017

Las empresas de telecomunicaciones intensifican sus promociones para esta temporada de Navidad y tienen claro que los inmigrantes necesitan hablar con amigos y familiares.

Cuando los años pasan y la permanencia se ha hecho más larga, la tristeza es por aquellos amigos o familiares que han desaparecido del entorno, ya sea por causas naturales o porque la distancia ha sido más fuerte.

Para Marta será su segunda Navidad sola. No podrá enviarle una muñeca a su hija ni un juego de Play Station que tanto desea su hijo, porque no ha encontrado con quien enviarlos a su país en el continente africano.

Mario desde hace meses prepara un sobre con dinero para enviar a su familia; sus hijos están en Colombia y esta Navidad dependen de este dinero extra que les hará llegar a través de un amigo que viaja a su país; no los llamará por teléfono ésta vez en estas fiestas, pues apenas escucha sus voces no dejar de llorar de emoción.

“Acá nos juntamos con amigos de Angola y cocinamos comida de nuestra tierra – dice Marco – así nos sentimos en casa”.

La Navidad en todo el mundo tiene algo en común: la irresistible necesidad de estar junto a aquellos que uno ama. Ésta es una de las necesidades más profundas del ser humano: compartir con otros y hacer que el amor entre las personas se exprese mediante el encuentro, la convivencia las expresiones de cariño y hasta los regalos.

En cualquier parte del mundo existen millones de personas que por una u otra razón están buscando integrarse en países que le ofrezcan mejores oportunidades de vida. Son millones de inmigrantes que llegan por todos los medios posibles en busca de un futuro mejor.

En este sentido, es sorprendente que las costas de Europa están recibiendo un nuevo tipo de inmigrantes: los niños no acompañados; tan sólo en el 2016 desembarcaron alrededor de 25.846 solo en las costas de Italia. Son niños enviados por sus padres que pagan entre 800 y 1500 euros por cada uno, y forman parte de un ejército de desplazados que, habiendo abandonando sus familias y sus tierras, lo han perdido todo. En la mayoría de estos casos, desgraciadamente, estos chicos son admitidos por una sociedad que los recibe en forma más bien fría e indiferente.  Afortunadamente la Iglesia junto con otras entidades sociales busca asegurar lo más que se pueda su futuro, buscándoles lo mínimo indispensable para vivir y colocarse en la sociedad.

En estas fiestas de la Navidad, Dios nos invita a poner nuestra mirada en los más débiles, y para nosotros estos pequeños inmigrantes son la imagen patente de los pobres que claman su derecho a la vida.  

Estos nuevos inmigrantes no son el público objetivo de las grandes empresas de telecomunicaciones, no son sujetos de crédito, seguramente no tienen ni dinero ni un número de teléfono al que llamar. Pero para nosotros son los rostros de quienes más necesidad tienen del mensaje de amor y esperanza que la venida de Jesús viene a traerles.  
 

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