Saludo del Inspector

La fuerza de la esperanza

La esperanza no es lo mismo que el optimismo.

No es la convicción de que algo saldrá bien,

sino la certeza de que algo tiene sentido,

independientemente de cómo resulte. (Václav Havel)

 

Apreciados amigos:

 

En tiempos como los que atravesamos, son urgentes mensajes como el que nos ocupa este curso: “Nos mueve la Esperanza”. Necesitamos oírlo, comunicarlo y vivirlo.

En medio de tantas inseguridades, incertidumbres, miedos y divisiones, afrontamos en cada una de nuestras casas el reto de seguir creando, sosteniendo y animado con fuerza comunidades educativas que irradien amistad, estímulos positivos, apoyos, perdón y, en definitiva, que despierten y cultiven la esperanza.

Dejémonos despertar por el grito de san Hilario de Poitiers: “¿Dónde está, oh cristianos, vuestra esperanza?” (Comentario a los Salmos, 118). Este grito nos ha de despertar y estimular cada día en nuestra labor educativa. Para un educador salesiano la esperanza es una responsabilidad, sabiendo que solo así podremos abrir horizontes de sentido a los jóvenes, a los niños y niñas que están con nosotros en los años de su formación y crecimiento como personas.

Si nos dejamos habitar por la esperanza, si acertamos a abrir caminos a la esperanza y nos alejamos de la indiferencia (su mortal enemigo), podemos ser cada uno de nosotros, y cada una de nuestras comunidades educativopastorales, llamada a una vida bella, feliz, buena y plena.

Quien está movido por la esperanza cree que el futuro puede cambiar, que siempre hay soluciones y espera cosas positivas del futuro. Por ello, se desvive por encontrar nuevas oportunidades. Además, confía en sí mismo y en sus capacidades, y aprovecha cada circunstancia para aumentar su crecimiento personal.

Debemos tener bien presente que la razón más profunda de nuestra esperanza es Cristo vivo y resucitado en medio de nosotros: “Cristo es nuestra esperanza” (1Tim 1, 1). Y como decía san Francisco de Sales (lo recuerdo cuando vamos a celebrar el 400 aniversario de su muerte): “Una mirada a Jesucristo nos reanima y nos alienta”.

Recordemos diariamente sus palabras:

“Saludemos cada nuevo día con alegría y esperanza, porque nos ha llegado como un presente de Dios”.

Ángel Asurmendi

Inspector

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