Marruecos y los “cuatro niveles” del diálogo interreligioso

17 julio 2018

Historias de convivencia entre cristianos y musulmanes. La calidad de las relaciones y las formas de colaboración entre los fieles de ambas religiones descritas por el arzobispo de Rabat, Mons. Cristóbal López Romero, salesiano y por el profesor Rachid Makh Makh.

«Las relaciones con los musulmanes normalmente son muy buenas: nosotros los cristianos somos respetados y vistos con simpatía. A menudo tenemos relaciones de sincera amistad con las personas de religión islámica. Esto no significa que no existan personas disgustadas por nuestra presencia, pero en conjunto estamos contentos de la calidad de la convivencia con los musulmanes. También las autoridades demuestran atención y gran cordialidad hacia nosotros». Con estas palabras comienza su descripción el salesiano Cristóbal López Romero, arzobispo de Rabat: español de 66 años, que ha ejercido su ministerio en Paraguay, España, Bolivia y Marruecos, en donde ha sido párroco de Kenitra (de 2003 y 2010) y ha dirigido la escuela local de los salesianos. El 29 de diciembre de 2017 fue elegido para que guiara la diócesis de Rabat.

El rey y el ministro

El día de su ingreso, el rey Mohammed VI quiso mandar a un representante a la diócesis, el gobernador local. Después el arzobispo fue recibido «con extraordinaria amabilidad» por el ministro para asuntos religiosos. En Marruecos, país en el que la religión es muy importante, este es uno de los dicasterios más importantes. «El ministro (que en ocasión de la Navidad y de la Pascua siempre envía una afectuosa carta de felicitaciones a los cristianos) ha expresado el genuino deseo de establecer también conmigo las relaciones cordiales y amigables que había mantenido con mi predecesor», dijo el padre López. «Las atenciones reservadas por el rey y por el ministro son signos, pequeños pero importantes, que atestiguan la voluntad expresada por las máximas autoridades de Marruecos de mantener buenas relaciones con los cristianos».

Una pequeña grey de extranjeros

Los marroquíes (37 millones) son principalmente musulmanes sunitas de rito malaquita. El arzobispo los define «muy moderados». Los católicos, todos extranjeros, representan una minoría muy reducida y dependen de dos diócesis: la de Tánger, la más pequeña, y la de Rabat, cuyo territorio equivale al territorio de toda Italia: allí viven 33 millones de personas. En esta diócesis las parroquias son 15, los sacerdotes 32 (17 religiosos de diferentes congregaciones y 14 “fidei donum”) y las religiosas son un centenar. Los católicos, de unas 100 nacionalidades, son unos 30 mil, de 35 años de edad en promedio. Un grupo muy nutrido está constituido por jóvenes de los países subsaharianos, que llegan a Marruecos para estudiar: para ellos, las universidades son gratuitas y también pueden contar con becas de la Unesco. Un segundo grupo, también numeroso, está conformado por los extranjeros que trabajan en la diplomacia o en las empresas. Hay también muchos migrantes de los países subsaharianos que tratan de llegar a las costas europeas y las mujeres que se han casado con marroquíes musulmanes. Cada año muchos fieles (entre el 25 y el 30%) dejan la diócesis y son sustituidos por otros que van llegando. «La nuestra –dice el arzobispo– es una Iglesia en constante cambio y renovación: en cierto sentido esto implica ciertas dificultades, pero sin duda somos una comunidad que no corre el peligro quedarse sentada o de permanecer encerrada». 

La libertad de conciencia

En este país el islam es la religión del Estado: «El rey tiene el título de Comendador de los creyentes y tiene la tarea de proteger también a los cristianos y a los hebreos», explicó el padre López. «Nosotros, los cristianos, podemos profesar libremente nuestra fe y en las parroquias están presentes los tradicionales grupos que caracterizan a las comunidades católicas. Pero tenemos una limitación: se nos prohíbe la manifestación pública de la fe: las procesiones, por ejemplo, se permiten solo dentro de los lugares de culto. Además, está prohibido el proselitismo. En el campo de la libertad de conciencia algo se mueve, sobre todo en los círculos intelectuales. Un marroquí, en teoría, puede elegir libremente su religión, la ley no se lo prohíbe, pero la sociedad crearía el vacío a su alrededor».

El diálogo de la vida

En Marruecos no existen comisiones dedicadas específicamente al diálogo interreligioso, pero el diálogo con los musulmanes existe, es fecundo y está vivo. Y se desarrolla en cuatro niveles, subrayó el arzobispo: «El primer nivel, que considero el más importante e involucra a todos, es el que podría llamar el “diálogo de la vida”, es decir la proximidad, el entendimiento que vincula a las personas cristianas y musulmanas en la cotidianidad. Pienso, por ejemplo, en las sólidas amistades que han nacido en la universidad entre los estudiantes cristianos y subsaharianos y sus coetáneos musulmanes, o en las buenas relaciones que se instauran en los lugares de trabajo».

Las escuelas

El segundo nivel tiene que ver con todas las formas de colaboración que (mediante asociaciones, escuelas, instituciones públicas y privadas) se instauran entre los cristianos y los musulmanes, comprometidos en trabajar hombro con hombro por los derechos humanos, la promoción de las mujeres, la educación, la salud, la lucha contra la explotación infantil. En la diócesis de Rabat, por ejemplo, hay quince escuelas católicas con 12 mil estudiantes y 800 maestros. Los directores, cristianos y musulmanes, redactaron juntos un importante proyecto educativo: «No se menciona explícitamente a Jesús, pero es un documento profundamente evangélico, y los musulmanes, por su parte, lo consideran en sintonía con su religión», observó el padre López citando otro ejemplo, el de la Caritas, en la que trabajan serenamente juntos los cristianos y los musulmanes, comprometidos en un proyecto para sostener a los migrantes.

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El tercer nivel, prosigue el arzobispo, es el que representan los pequeños grupos de fieles, «que periódicamente se encuentran para conocerse, para compartir los respectivos caminos de fe y profundizar sobre la visión cristiana y musulmana de la vida. Sucede a veces, en algunos lugares, que los cristianos y los musulmanes se reúnen para rezar juntos: este es el cuarto nivel e involucra a un número reducido de personas».

El amigo musulmán

Entre los amigos musulmanes del padre López está Rachid Makh Makh, soltero de 52 años que vive en Kenitra, en donde es supervisor general de la escuela local “Don Bosco”, instituto en donde ha enseñado inglés y francés: «Traajo aquí desde hace 18 años y me gusta mucho». Entre las razones indica la presencia de los padres salesianos, que siguen con gran dedicación a los estudiantes, la libertad de expresión y de iniciativa, que son garantizadas, la credibilidad del sistema educativo salesiano, que se ha demostrado válido y que es apreciado por toda la comunidad de enseñantes, el propósito de ofrecer a los alumnos una educación completa. Rachid dice que es «buena y edificante» su experiencia en la escuela, en la que ha aprendido «el sentido de la comunidad, el espíritu de familia y la alegría en el trabajo».

Felices juntos

Con respecto a las relaciones entre cristianos y musulmanes en la escuela, afirmó: «Obviamente hay diferencias culturales y tenemos mentalidades diferentes. Pero los cristianos y los musulmanes comparten valores comunes. En nuestra escuela, en la que la presencia del sacerdote (símbolo de la energía espiritual y de la cohesión de la comunidad de enseñantes) es fundamental, reinan el espíritu de colaboración y de comprensión, la estimación y el respeto recíprocos. Nos completamos. A todos nos importa mucho la promoción de los valores morales universales. En lo personal, estoy feliz de la presencia de los cristianos, misma que considero crucial para que sobreviva la obra. Mis relaciones con los colegas cristianos se basan en la moralidad, en la confianza, en la profesionalidad. Nos vinculan un verdadero espíritu de familia y una auténtica complicidad. Dios nos ha creado únicos y diferentes los unos de los otros, pero tenemos la capacidad y la fuerza para trabajar juntos. Es natural que existan diferentes visiones entre nosotros: lo importante es respetarse recíprocamente y no imponer nada al otro. La pertenencia religiosa no nos impide ser felices juntos».

Sociedad abierta al diálogo

En Marruecos, explicó, «en donde hay una minoría un poco reacia al acercamiento entre los cristianos y los musulmanes (me refiero a los fundamentalistas extremistas, fanáticos musulmanes y corrientes extremistas), la mayor parte de los musulmanes está abierta al diálogo y al conocimiento del otro». Rachid concluyó diciendo estar convencido de que «las personas auténticamente religiosas (de diferentes religiones) que viven y trabajan juntos por la educación de las jóvenes generaciones, pueden enseñarle al mundo que, sea la que sea la religión a la que pertenezcan o el color de la piel, es posible trabajar unidos, en armonía, enriqueciendo a la comunidad».
 
 

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