VIVIR A FONDO | CICLO B – Santísima Trinidad

27 mayo 2021

MT 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabe que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Jesús y los discípulos: Una vez más la relación íntima de Jesús y los que Él ha escogido. El diálogo entre ellos les infunde fuerza.

Les invita e indica a que transmitan todo aquello que les ha enseñado, que se abran a los demás (a todos los pueblos) que los ayuden, bautizando, incorporándolos a ser discípulos: personas conscientes del amor de Dios.

Y para este mandamiento no estarán nunca solos. La promesa es que Él siempre estará con ellos por siempre jamás y hasta el fin del mundo, pase lo que pase.

¿Estoy abierto/a al diálogo con Jesús? ¿Cómo lo hago?

¿Me siento escogido/da y por lo tanto enviado/da en transmitir el amor de Dios?

¿De qué manera puedo incorporar a ser más personas discípulos de Jesús?

 

Señor,

Yo estoy bautizada/o,

yo te conozco,

yo tengo experiencia de tu amor,

ayúdame a poder ser transmisora/or de tu amor

en la cotidianidad de todos los días,

en los acontecimientos que vivimos,

de la alegría y el gozo de ser ungida/o de tu Espíritu.

Así sea.

 

¿Tigre o zorro?

Adaptación de Pep Alamán, sdb

 

Cuenta una fábula que iba un hombre por el bosque y vio un pobre zorro que había perdido las patas, seguramente porque había caído en alguna trampa.

 

El hombre se preguntaba cómo podía vivir el animal si no podía cazar. Al instante vio llegar a un tigre que llevaba una presa en la boca. El tigre comió, y en cuanto estuvo harto dejó el resto al zorro mutilado. Y al día siguiente el hombre volvió a ver la misma escena, de forma que pensó lo maravilloso que era Dios, que cada día alimentaba al zorro por medio de aquel tigre. Entonces se dijo:

“Yo también me quedaré en un rincón, confiaré plenamente en Dios y Él me dará todo lo que necesito”. Y así lo hizo durante unos cuántos días. Pero no pasaba nada. Y llegó a un extremo tal, que el pobre estaba a las puertas de la muerte. Es entonces cuando oyó una voz que le decía:

“Pero ¿qué haces? ¿Cómo puedes llegar a estar tan equivocado? ¡Haz el favor de dejar de imitar al zorro mutilado y sigue el ejemplo del tigre!”

 

Si todo el mundo piensa sólo en sí mismo, las cosas no pueden ir bien. Si todos pensamos que las cosas las harán los otros, o -incluso- que las hará Dios, estamos muy equivocados. Que cada uno mire qué puede hacer por los demás. No ayudaremos a mejorar nada si no nos implicamos de forma activa

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