Resucitado

22 abril 2016

El misterio y el Misterio

RESUCITADO

 

Título original: Risen. Dirección: Kevin Reynolds. País: USA. Año: 2016. Duración: 107 min. Género: Drama. Reparto: Joseph Fiennes, Tom Felton, Peter Firth, Cliff Curtis, María Botto. Guion: Kevin Reynolds y Paul Aiello. Música: Roque Baños.

 Los evangelios han sido la obra literaria más veces llevada a la Historia del Cine. Tratados con estilos bien distintos, la vida, pasión muerte y resurrección de Jesús han cautivado a cientos de cineastas que, desde el cine mudo, han querido llevar a la pantalla la vida del Hijo de Dios. “Resucitado” aporta una visión sugerente (si bien no original) de la historia de Jesús: la custodia del cadáver y la posterior investigación de su desaparición que tiene que llevar a cabo un descreído tribuno a las órdenes de Poncio Pilato.

Clavius (Joseph Fiennes), un poderoso militar romano y su nuevo ayudante, Lucius (Tom Felton), son asignados para resolver el misterio sobre lo que le ocurrió a Jesús en los días posteriores a su crucifixión. La profecía de la llegada de un Mesías liberador y la resurrección que el crucificado había anunciado de sí mismo antes de morir, llenan de preocupación a Pilatos. Sorprendentemente el cadáver desaparece en circunstancias misteriosas y comienza una intensa investigación y persecución de los seguidores de Cristo.

Estamos ante una película honesta que se acerca al misterio de Cristo con un respeto extraordinario. El tono policiaco de la primera parte consigue interesar al espectador que se ve metido en una investigación frenética en la que los acontecimientos, los interrogatorios y la búsqueda se suceden vertiginosamente. El realismo de las batallas, las crucifixiones, las exhumaciones de cadáveres están francamente bien resueltos. Conforme Clavius va acercándose al Misterio con mayúsculas, su vida empieza a cambiar y a poner en tela de juicio sus concepciones religiosas. Todo adquiere un giro inesperado cuando el tribuno da con la comunidad apostólica. La vida de esos seguidores de Jesús llenará de interrogantes de vida del perseguidor romano.

Hay en el film dos partes bien diferenciadas, la primera tiene un tono casi policiaco donde abundan los recursos del género: persecuciones, detenciones, interrogatorios, aparición de nuevos sospechosos…toda esta primera parte está hábilmente resuelta por la profesionalidad de Kevin Reynolds.  La segunda parte, el encuentro de Clavius con los cristianos, es bien distinta; el film se ralentiza, adquiere otro tono y, en cierto modo, se desentiende de lo visto hasta entonces.

Es en esta segunda parte donde aparece el gran inconveniente de la película: los evangelios no son una vida de Jesús, sino una catequesis de la comunidad cristiana que expresó lo que había supuesto en su historia la vida de Jesús. Querer traducir literalmente los textos evangélicos a la pantalla tiene muchos problemas. Los relatos de la resurrección son teológicos, no biográficos. La presencia de Jesús en medio de la comunidad es presentada en el film como un milagro lleno de magia, no como una experiencia de fe. Jesús resucitado aparece y desaparece, incluso cura a un leproso ante los ojos de los apóstoles que avisan al tribuno para que se preparé a ver un nuevo prodigio del maestro. En todas estas secuencia el film chirría al querer hacer una copia casi caligráfica en imágenes de lo que son narraciones hechas desde la fe años después de que se vivieran. La escena de la Ascensión, por ejemplo, tiene más de ciencia ficción que de experiencia mística.

Y es que no se puede fotografiar el Misterio, se puede únicamente reflejar pálidamente sugiriendo más que mostrando, animando a que el espectador se haga preguntas más que mostrándoles las respuestas.

Donde el film acierta plenamente es en mostrar la transformación del corazón del violento tribuno; de ser un hombre sin escrúpulos ni piedad pasará a ser un caminante, un buscador, que abandona su vida pasada porque se ha sentido amado y perdonado.

Recomendable e interesante este acercamiento desde el péplum tradicional a la figura del resucitado. Bienvenidas sean estas obras cinematográficas que siguen devolviendo la figura de Cristo a la pantalla y siguen mostrando el rostro más hermoso del Misterio, de un Misterio que no se puede entender sólo desde la razón fría sino desde la pasión del amo

 Josan Montull


RESUCITADO

Hace unos días fui a ver una película al cine. Y cuál no fue mi sorpresa, que en lugar de ver una, vi dos. Me refiero a Resucitado, film recientemente estrenado en nuestro país, que pretende mostrar el paso (¡la «pascua»!) que experimenta un tribuno romano, testigo inmediato de la crucifixión, de la evidencia de su muerte del Nazareno a la aceptación de su vuelta a la vida. A la mitad del metraje, parece que otro director hubiera cogido la escaleta y hubiera empezado a rodar la clásica película low cost que 13TV emite después de comer: la segunda mitad de la cinta se reduce a una sucesión de apariciones de Jesús a los discípulos entre la resurrección y la ascensión. Si algo novedoso –y apócrifo– añade la película al relato evangélico es la observación «a distancia» (¡!) por parte del tribuno del camino que recorren los discípulos desde Jerusalén hasta Galilea. ¿Habrá querido el director expresar de este modo la actitud de búsqueda, como la «distancia» que se marca entre los creyentes y el romano, que los sigue de lejos? Chi lo sà?

El director ha perdido una gran oportunidad. Cinematográfica y psicológicamente, podía haber acompañado al tribuno Clavio en su proceso de descubrimiento de la fe en el Resucitado, y de debate-crisis-lucha interna en contra de sus anteriores convicciones religiosas. El director resuelve el problema «por la directa», mostrando unos segundos de estupefacción del protagonista ante la «visión», ad pedem litterae, de Jesús resucitado en el episodio de la aparición al apóstol Tomás. Pero, por desgracia, no todos los días se pone detrás de las cámaras un Ingmar Bergman que saque el tuétano y la psikhè a los personajes… Por ende, pastoralmente, nosotros hemos perdido un recurso que no es capaz de dar el 100% a la hora de abordar la cuestión del acceso a la fe entre los alumnos de los últimos cursos de ESO y Bachillerato, o entre los chicos más mayores de los grupos de fe.

Ahora bien, no todo es malo en la producción estadounidense. Destaco tan solo un par de elementos: la interpretación y la ambientación. Joseph Fiennes (Clavio) y Peter Firth (Poncio Pilato) están a la altura de lo que se esperaba de ellos. No les darán la estatuilla a la mejor interpretación en la próxima edición de los Oscar, pero resuelven su papel satisfactoriamente. Si lo mismo se puede decir de María Magdalena, interpretada soberbiamente por María Botto, al polo opuesto hay que mandar a un personaje secundario, el joven apóstol Bartolomé (Stephen Hagan). Soy magnánimo calificándolo como lunático y visionario.

La ambientación también se salva. Jerusalén parece Jerusalén; la Torre Antonia se muestra como un cuartel romano, las callejas judías lo son, y la crucifixión –con todo su aparataje– se ajusta a lo que sabemos del cruel tormento romano. Ya han pasado más de diez años de la cinta de Mel Gibson y del daño que hizo en la iconografía estaurológica de los más jóvenes. En la historia de Kevin Reynolds, la sangre no salpica a las pantallas, cual película gore que parecía La Pasión de Cristo. No me detendré a valorar otros detalles nimios; pero en honor de la verdad recordaré que en época romana no existían velas de cera (a pesar de Gladiator y sus no pocas licencias…)

Dejo para el final lo más difícil (espero que mis profesores de Cristología no me llamen para darme un monitum). Afirma el Catecismo de la Iglesia Católica que «Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas mediante el tacto y el compartir la comida. Les invita así a reconocer que él no es un espíritu, pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido martirizado y crucificado, ya que sigue llevando las huellas de su pasión. Este cuerpo auténtico y real posee sin embargo al mismo tiempo, las propiedades nuevas de un cuerpo glorioso» (CCE, n. 645). Pues bien, a quien vea la película no le cabrá la menor duda de esta verdad de fe. Tampoco a un doceta.

Miguel Ángel M. Nuño

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