VIVIR A FONDO | CICLO B – II DOMINGO DE ADVIENTO

4 diciembre 2023

MC 1,1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino; voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos”»; se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

Preparad el camino al Señor

Hay algo nuevo y sorprendente en este profeta. No predica en Jerusalén; vive apartado del templo, no pertenece a los notables del pueblo.

Él está en el desierto y así nos lo presenta, como «la voz del que clama en el desierto», es decir, en el silencio y la soledad. Ciertamente que es el mejor lugar para iniciar una ruta de conversión a Dios preparando el camino de Jesús.

«El hombre, dice el filósofo, es el ser que se convierte». Ser persona es saber transformarse, hacerse, construirse…, porque todo eso es lo que quiere decir «¡convertirse!” Y, si queremos hacerlo con un poco de dignidad, necesitamos:

En primer lugar, el «silencio», el desierto del que nos habla el Evangelio. Sólo en la soledad interior podremos escuchar «la voz del que clama en el desierto», la voz que nos guía indicándonos la dirección hacia donde debemos dirigirnos. Porque quien no sabe dónde va, llegará a otro lugar. Sólo en el silencio se escucha la voz de la conciencia, que es la voz de Dios.

Después, tendremos que espabilarnos para acertar en los «medios» que nos permitan ese… «Preparad el camino al Señor, enderezad sus sendas». No es cuestión de cuatro retoques en nuestra vida, no se trata sólo de un ponerse al día, necesitamos allanar nuestras rutas, necesitamos una «conversión» radical y firme de toda nuestra vida.

A Jesús sólo se le puede seguir en estado de «conversión». Necesitamos la fortaleza de voluntad para alimentar una verdadera «conversión sostenida».

Pistas para la reflexión:

En medio de subidas, bajadas, desniveles, curvas, obstáculos y tantas dificultades…, se hace difícil, muy difícil caminar. Y en mi vida, tengo que reconocer que hay un poco de todo eso.

El adviento es una buena oportunidad para saber con eficacia allanar las rutas que hay en mi persona. Me tengo que preguntar muy seriamente:

– ¿Qué barrancos hay dentro de mí que sin falta tengo que rellenar?
– ¿Qué montañas tengo en mi carácter que me hace falta bajar?

«Danos, Señor, tu luz»

Danos, Señor, tu luz. Que podamos caminar atentos a tu Palabra y podamos ver la vida de Jesús en nuestro interior.

Danos, Señor tu luz, la luz de tu oración. Que aprendamos a descubrir la voluntad del Padre en nosotros.

Danos, Señor, tu luz, la luz de tu fortaleza. Que aprendamos a no ser indiferentes en las situaciones que nos rodean.

Danos, Señor, tu luz, la luz de tu discernimiento. Que aprendamos a mirar la vida encontrando siempre lo nuevo de tu Evangelio.

Danos, Señor, tu luz, la luz de tus pasos. Que nuestra vida sea reflejo de tu presencia y que nos haga brillar el rostro con tu alegría.
Amén

Construirse (convertirse) un…, es re-construir el mundo

El niño de cinco años está molestando y no deja trabajar a su padre. El padre tiene una idea, arranca un mapa del mundo de una revista, la desgarra, toma un rollo de celo y lo da todo a su hijo diciendo: «Mira hijo, como te gustan tanto los puzles, aquí tienes el mundo a trozos para que lo reconstruyas”.

No pasan más de cinco minutos y, ¡todo hecho! No puede ser, imposible. «Hijo, si tú no sabes cómo es el mundo, ¿cómo lo has hecho?»

«Muy sencillo, papá, cuando arrancaban la hoja he visto que por el otro lado había un hombre y éste sí que sé cómo es. He reconstruido el hombre y así, casi sin querer, he arreglado el mundo».

Si quieres hacer un mundo mejor, empieza por ti mismo.
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