VIVIR A FONDO | CICLO A – TRANSFIGURACION DEL SEÑOR

31 julio 2023

Mt 13,44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Vender lo que tengo, darlo todo… ¿en qué invierto mi vida?

¿Dónde tengo enterrado mi tesoro?

¿Dónde tengo puesto mi corazón?

¿Cómo dejarte ser sólo Tú mismo,
sin reducirte, sin manipularte?
¿Cómo, creyendo en Ti, no proclamarte
igual, mayor, mejor que el Cristianismo?

Cosechador de riesgos y de dudas,
desbelador de todos los poderes,
Tu carne y Tu verdad en cruz, desnudas,
contradicción y paz, ¡eres quien eres!

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,
viviente en Dios y pan en nuestra mano,
camino y compañero de jornada,

Libertador total de nuestras vidas
que vienes,  junto al mar, con la alborada,
las brasas y las llagas encendidas.

Pere Casaldàliga (1986) “EL TIEMPO Y LA ESPERA” Ed. Sal Terrae, Santander

La liturgia Bizantina canta en este día

«En el monte te transfiguraste, Cristo Dios, 

y tus discípulos contemplaron tu gloria,

en cuanto podían comprenderla. 

 

Así, cuando te viesen crucificado, entenderían

que padecías libremente, y anunciarían al mundo

que Tú eres en verdad el resplandor del Padre».