ESTUDIO DE LA PALABRA| CICLO C – XXV DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

12 septiembre 2022

Propuesta de Lectio Divina personal (o en grupo)

XXv Domingo de tiempo Ordinario Ciclo C (LC 16,1-13)

 

 

ORACIÓN

Envía sobre nosotros, Señor, tu Espíritu Santo:

que disponga nuestro corazón para escuchar tu Palabra;

que nos conceda encontrarte en ella;

y que haga que esta Palabra se convierta en vida en nuestras personas.

(B) PASOS PARA LA MEDITACIÓN

  1. LEE…

¿Qué dice el texto?

Atiende a todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas. Para la comprensión del texto te pueden servir los comentarios que te ofrecemos a continuación.

Texto (LC 16,1-13)

Jesús contó también esto a sus discípulos: “Un hombre rico tenía un administrador que fue acusado de malversación de bienes. El amo le llamó y le dijo: ‘¿Qué es eso que me dicen de ti? Dame cuenta de tu trabajo porque no puedes seguir siendo mi administrador. ‘El administrador se puso a pensar: ‘¿Qué haré ahora que el amo me deja sin empleo? No tengo fuerzas para cavar la tierra, y me da vergüenza pedir limosna…  Ah, ya sé qué hacer para que haya quienes me reciban en sus casas cuando me quede sin trabajo.’  Llamó entonces uno por uno a los que tenían alguna deuda con el amo, y preguntó al primero: ‘¿Cuánto debes a mi amo?’ Le contestó: ‘Cien barriles de aceite.’ El administrador le dijo: ‘Aquí está tu recibo. Siéntate en seguida y apunta sólo cincuenta.’ Después preguntó a otro: ‘Y tú, ¿cuánto le debes?’ Este le contestó: ‘Cien medidas de trigo.’ Le dijo: ‘Aquí está tu recibo. Apunta sólo ochenta. El amo reconoció que aquel administrador deshonesto había actuado con astucia. Y es que, tratándose de sus propios negocios, los que pertenecen al mundo son más listos que los que pertenecen a la luz.

“Os aconsejo que uséis las riquezas de este mundo malo para ganaros amigos, para que cuando esas riquezas se acaben haya quien os reciba en las moradas eternas.

 “El que se porta honradamente en lo poco, también se porta honradamente en lo mucho; y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. De manera que, si con las riquezas de este mundo malo no os portáis honradamente, ¿quién os confiará las verdaderas riquezas? Y si no os portáis honradamente con lo ajeno, ¿quién os dará lo que os pertenece?

 “Ningún criado puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero.”

Comentarios:

Jesús ya no se dirige a los fariseos, como hizo en las parábolas anteriores, sino directamente a sus discípulos y, a través de ellos, a los creyentes de todos los tiempos. La parábola del administrador injusto (Lc 16, 1-8) nos puede parecer extraña porque alaba la sagacidad de un hombre deshonesto. Pero en otras parábolas tenemos también personajes que no brillan precisamente por su honestidad: recordemos al juez injusto (Lc 18, 18). Por supuesto esta parábola no nos invita a malversar los bienes, sino a ser sagaces, o lo que es lo mismo, a hacernos amigos utilizando los bienes de este mundo para ponerlos al servicio de los más necesitados. Es un tema muy querido por Lucas, que responde probablemente a problemas y necesidades de su comunidad.

La parábola va seguida de una serie de textos sobre el uso del dinero (Lc 16, 9-13) en los que se describe a los hombres como administradores de los bienes temporales. Si sabemos utilizarlos, teniendo en cuenta las exigencias evangélicas, seremos dignos de recibir el verdadero bien cuando nos encontremos definitivamente con el Señor resucitado. El texto termina con una afirmación en la que el verbo servir debe ser interpretado en los dos casos de manera radicalmente diferente. Servir a Dios es una dependencia que nos hace libres para servir a los más necesitados, mientras que servir al dinero es una esclavitud que aplasta a la persona y pervierte nuestras relaciones con Dios y con los demás, como nos describe la parábola del rico y Lázaro (Lc 16, 14-18).

  1. MEDITA…

¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Sugerencias:

“Fiémonos del pequeño, del menesteroso, del débil, del necesitado… él es portador de un «gran bien»”

“¿Quién os confiará lo que es vuestro?, «lo nuestro», el amor no nos lo puede devolver, «confiar», más que un corazón agradecido…”

  • “Dios es amor”
  • “Dios es fraternidad”
  1. CONTEMPLA Y REZA…

¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Sugerencias:

A veces no te entiendo bien del todo, Señor,

¿Cómo alabas a quien con tus bienes se procura ahora

amigos que le apoyaran para cuando no puedan disponer más de ellos?

¿Te importa más la previsión interesada que una justa gestión?

¿O lo lo que quieres es que, bien o no tanto, me prepare para lo que viene después?

  1. ACTÚA…

¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

  1. COMPARTE…

Si la Lectio se hace en grupo, podéis compartir con sencillez lo que cada uno ha descubierto, para enriquecimiento del grupo.

  1. DA GRACIAS…

Puedes acabar este momento con una oración: expresa a Dios lo que has vivido, dale gracias por lo que te ha manifestado, y pide al Espíritu que te haga pasar de la Palabra a la vida.

Ven, Espíritu Santo,

ilumina mi corazón para que pueda entender la Palabra,

conocer más a Jesús

y hacer que en mi vida camine con criterios evangélicos.

Fuente Oración: Evangelio al dia 2022 Ed. CCS

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