ESTUDIO DE LA PALABRA| CICLO C – XIX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

1 agosto 2022

Propuesta de Lectio Divina personal (o en grupo)

XIX Domingo de tiempo Ordinario Ciclo C (Lc 12, 32-48)

 

 

ORACIÓN

Creemos que estás en medio de nosotros, Padre, y en nuestro interior;

creemos que el Espíritu de tu Hijo nos impulsa.

Te pedimos que no dejamos de estar abiertos al Espíritu,

y que sepamos escuchar sus insinuaciones.

Que venga sobre nosotros tu Espíritu

que nos ayude a conocer más a tu Hijo

a través de la Palabra que ahora escucharemos.

(B) PASOS PARA LA MEDITACIÓN

  1. LEE…

¿Qué dice el texto?

Atiende a todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas. Para la comprensión del texto te pueden servir los comentarios que te ofrecemos a continuación.

Texto (Lc 12, 32-48)

No temáis, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha querido daros el reino. Vended vuestras posesiones y dad limosna. Haceos bolsas que no se gastan, tesoros inagotables en el cielo, donde ni el ladrón se acerca ni la polilla roe. Porque donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón.

Tened ceñida la cintura, y las lámparas encendidas. Sed como los criados que están esperando a que su amo vuelva de una boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. Dichosos los criados a quienes el amo encuentra vigilantes a su llegada. Os aseguro que se ceñirá, los hará sentarse a la mesa y se pondrá a servirles. Si viene a media noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Tened presente que, si el amo de la casa supiera a qué hora iba a venir el ladrón, no le dejaría forzar su casa. Pues vosotros estad preparados, porque a la hora en que menos penséis vendrá el Hijo del hombre.

Pedro dijo entonces: Señor, esta parábola ¿se refiere a nosotros o a todos? Pero el Señor continuó: Vosotros sed como el administrador fiel y prudente a quien el dueño puso al frente de su servidumbre para distribuir a su debido tiempo la ración de trigo. ¡Dichoso ese criado si, al llegar su amo, le encuentra haciendo lo que debe! Os aseguro que le pondrá al frente de todos sus bienes. Pero, si ese criado empieza a pensar: «Mi amo tarda en venir», y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a emborracharse, su amo llegará el día en que menos lo espere y a la hora en que menos piensa, le castigará con todo rigor y le tratará como merecen los que no son fieles. El criado que conoce la voluntad de su dueño, pero no está preparado o no hace lo que él quiere, recibirá un castigo muy severo. En cambio, el que sin conocer esa voluntad hace cosas reprobables, recibirá un castigo menor. A quien se le dio mucho, se le podrá exigir mucho; y a quien se le confió mucho, se le podrá pedir más.

Comentarios:

Se reúnen en este texto varias parábolas que exhortan a los creyentes a permanecer vigilante en la espera de la venida del Señor. Más que poner el interés en las posesiones, el discípulo de Jesús debe estar esperando su venida. Este es el tema que desarrolla la primera parábola (Lc 12, 35-38). Probablemente en la predicación de Jesús se relacionaba con la venida del reino, pero Lucas la lee a la luz de la venida del Hijo del hombre e incluso introduce, con respecto al texto similar de Mt 25 1-13, algún rasgo que personaliza más la espera (Lc 12, 37b). La segunda parábola (Lc 12, 39-40) apunta a la incertidumbre de la hora de la venida del Señor (Lc 17, 24; 21 34-35; 1 Tes 5 2). Lo que se quiere inculcar no es tanto la vigilancia como el estar preparados, pues el que viene es el Hijo del hombre que se manifiesta como juez.

La tercera parábola (Lc 12, 41-48) parece dirigirse, así se deduciría de la pregunta de Pedro, a los responsables de la Iglesia, aunque en la predicación de Jesús debía ser una crítica de los jefes del pueblo de Israel. El ministro prudente debe permanecer fiel a su tarea hasta que el Señor venga. Si descuida su servicio para con los demás, será castigado en el momento del juicio. La comunidad cristiana tiene en realidad una sola cabeza y un solo Señor. Jesús resucitado (Mt 23, 8-10). Todos los demás, aunque ocupen puestos de responsabilidad, son servidores y hermanos. El presidir la comunidad de los discípulos de Jesús no se puede nunca transformar en poder o autoridad.

La conclusión nos viene dada en los dos últimos versículos en los que se diversifica el castigo según que la desobediencia haya sido intencionada o no. Los primeros serán castigados más severamente. En cualquier caso estas líneas subrayan la mayor responsabilidad que en la Iglesia tienen aquellos que podemos llamar sus líderes. Es algo que el pueblo de Israel había experimentado previamente: la elección no es un privilegio sino una responsabilidad acrecentada (Jr 2, 19; Am 3 2; Os 4, 4-11). Y así debemos vivirla todos los creyentes que formamos parte del nuevo pueblo de Dios.

  1. MEDITA…

¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Sugerencias:

“El temor, la desesperanza e inquietud se nos instalan cuando tenemos las alforjas repletas de otros valores que son ajenos a ese reino.”

“Vivir centrados en lo esencial y sin grandes equipajes…, con sólo la riqueza del Reino que nuestro Padre ha querido darnos como el regalo más valioso»

                 –     “¿Dónde está tu tesoro?”

                 –     “El Padre nos ha dado el Reino”

  1. CONTEMPLA Y REZA…

¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Sugerencias:

Te agradezco, ¡tanto!,

que me consideres parte de tú pequeño rebaño;

saber que me has entregado ya tu Reino me facilite

que enajene yo todos los demás bienes.

  1. ACTÚA…

¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

  1. COMPARTE…

Si la Lectio se hace en grupo, podéis compartir con sencillez lo que cada uno ha descubierto, para enriquecimiento del grupo.

  1. DA GRACIAS…

Puedes acabar este momento con una oración: expresa a Dios lo que has vivido, dale gracias por lo que te ha manifestado, y pide al Espíritu que te haga pasar de la Palabra a la vida.

 

Gracias, Padre, por lo que me has revelado con esta Palabra.

Ayúdame a progresar en el conocimiento de tu Hijo, Jesús,

y hazme dócil a la acción del Espíritu en mi vida.

Fuente Oración: Evangelio al dia 2022 Ed. CC

 

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