ESTUDIO DE LA PALABRA| CICLO B – II DOMINGO DE ADVIENTO

4 diciembre 2023

Ii DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo B (Mc 1,1-8)
ORACIÓN

Creemos que estás en medio de nosotros, Padre, y en nuestro interior;
creemos que el Espíritu de tu Hijo nos impulsa.
Te pedimos que no dejamos de estar abiertos al Espíritu,
y que sepamos escuchar sus insinuaciones.
Que venga sobre nosotros tu Espíritu
que nos ayude a conocer más a tu Hijo
a través de la Palabra que ahora escucharemos.

(B) PASOS PARA LA MEDITACIÓN

1. LEE…

¿Qué dice el texto?
Atiende a todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas. Para la comprensión del texto te pueden servir los comentarios que te ofrecemos a continuación.

Texto (MC 1,1-8)
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.» Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y é1 los bautizaba en el Jordan. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero é1 os bautizará con Espíritu Santo.»

Comentarios:
El Evangelio de Marcos, al igual que una sinfonía, comienza con una «obertura». Es el prólogo. En él anuncia el evangelista la perspectiva que regirá toda su obra, los temas esenciales y sus tensiones dramáticas. Se trata –nos advierte– de presentar al creyente el origen y fundamento de la predicación eclesial, una «alegre noticia» cuyo contenido central lo constituye la persona de Jesús, Mesías e Hijo de Dios. Son los dos títulos recogidos en la primera frase, de carácter netamente programático. En estos títulos queda indicada la verdadera identidad de Jesús. Tal identidad, que se irá desvelando y comprendiendo progresivamente a la luz de sus palabras y sus obras, es la insinuada también en la predicación de Juan (Mc 1, 2-8) y en los dos acontecimientos que preceden y preparan la actividad pública del mismo Jesús: bautismo (Mc 1, 9-11) y tentación (Mc 1, 12-13).

Tras referir muy sumariamente la misión de Juan (Mc 1, 2-3), su predicación (Mc 1, 4), su éxito (Mc 1, 5) y su género de vida (Mc 1 6), el relato culmina en el anuncio del Bautista sobre Jesús (Mc 1, 7-8). La misión de Juan es la del profeta o mensajero divino que, llevando a cumplimiento toda una serie de promesas antiguas, señala y prepara el inicio de una nueva era, la era mesiánica. La cita bíblica atribuida a Isaías, pero que en realidad es un conjunto de textos extraídos del Éxodo (Ex 23, 20), de Isaías (Is 40, 3) y de Malaquías (Mal 3, 1), proclama con claridad este papel de Juan que, como precursor del Mesías, aparece para desaparecer de inmediato. Actúa en referencia a otro y en función de otro. Su predicación se lleva a cabo en el desierto, es decir, allí donde el pueblo de Israel había sido puesto a prueba y purificado. Allí hace una nueva llamada a la purificación y a la conversión, dirigiéndose a un auditorio que representa la totalidad de los pueblos. La acogida masiva de su llamada habla del carácter decisivo y determinante de la misma. No es una simple réplica de otras llamadas precedentes. Es la última y definitiva. Lo corrobora su estilo de vida y su modo de vestir. Además de reflejar la austeridad y renuncia exigidas, ese modo de presentarse hace recordar al profeta Elías (véase 2 Re 1 8), el mayor profeta de Israel, aquél que debía volver en los albores de la era mesiánica (véase Mal 3, 22-24; Mc 9, 11-13).

Juan es, pues, el Elías de los últimos tiempos, el heraldo y precursor del Mesías. Efectivamente, al Mesías anuncia de manera inequívoca cuando, refiriéndose a Jesús, subraya su «fuerza» y su «bautizar con Espíritu Santo». Tanto la fortaleza como el don del Espíritu son prerrogativas características del Mesías esperado. Así lo habían descrito desde antaño los profetas (véase Is. 9 6; 11 2).

2. MEDITA…

¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Sugerencias:

“El camino del encuentro y del renacimiento es paciente, “no quiere que nadie perezca””

“El Señor viene a hacer su camino con nosotros”

– “Prepara tu camino”
– “Ven, Señor”

3. CONTEMPLA Y REZA…

¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Sugerencias:

Sabemos, Señor,
que llegas para realizar nuestras esperanzas,
para saber que nuestra espera tiene sentido,
para poder levantarnos cada mañana rebosantes de alegría…
Señor, mantennos despiertos para acoger a este Dios
tan humano que nos hace a todos hermanos.
¡Ven, Señor, Jesús!

4. ACTÚA…
¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

5. COMPARTE…
Si la Lectio se hace en grupo, podéis compartir con sencillez lo que cada uno ha descubierto, para enriquecimiento del grupo.

6. DA GRACIAS…
Puedes acabar este momento con una oración: expresa a Dios lo que has vivido, dale gracias por lo que te ha manifestado, y pide al Espíritu que te haga pasar de la Palabra a la vida.

Gracias, Padre, por lo que me has revelado con esta Palabra.
Ayúdame a progresar en el conocimiento de tu Hijo, Jesús,
y hazme dócil a la acción del Espíritu en mi vida.

Fuente Oración: Evangelio al dia 2023 Ed. CCS

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